Trastornos del sueño: acabar con el suplicio de las noches en vela.

Muchas personas tardan horas para conciliar el sueño; otras se despiertan constantemente durante la noche; muchos se despiertan cansados, como si no hubieran dormido. Si es tu caso, es probable que padezcas una alteración del sueño. Hay, pues, que encontrar medios para acabar con el suplicio de las noches en vela.

En la actualidad, aproximadamente el 35% de la población mundial sufre de trastornos de sueño. El estrés, los conflictos internos y el ritmo acelerado de la vida moderna se reflejan negativamente en el descanso nocturno.

Cualquier persona ya ha pasado noches en vela por culpa de los exámenes escolares, inseguridad laboral u otros problemas personales. Pero si la situación se repite noche tras noche, se puede decir que se sufre de insomnio.

Sin embargo, es preciso tener en cuenta que el insomnio es un síntoma, no una enfermedad. Detrás de ella, se ocultan otras patologías físicas o psíquicas. Por eso, ante una perturbación del sueño, hay que consultar a un especialista, para atacar la raíz del problema.

¿Placer o necesidad?

Antiguamente, cuando las casas no disponían de luz eléctrica, las personas dormían más horas que en la actualidad, una vez que el curso del día y de la noche regulaba los períodos de sueño. Cuando la luz natural dejó de marcar el límite de las ocupaciones propias del día, los hábitos de sueño cambiaron significativamente. Desde entonces, las horas que pasamos durmiendo se fueron reduciendo, hasta que el sueño terminó perdiendo la importancia que merece.

Además de descansar físicamente durante el sueño, el cuerpo humano se renueva y recupera, como si hiciéramos un “reset” en un equipo y todo regresara a su estado original. El sueño es un período durante el cual el cerebro prepara al organismo para que, al día siguiente, pueda estar, de nuevo, en su máximo rendimiento.

El cerebro no para

El sueño es un proceso muy activo, durante el cual la mente prosigue su trabajo: se pasa por varias fases y en cada una de ellas, la actividad cerebral es distinta. El sueño tiene un claro efecto reparador, porque se producen importantes cambios metabólicos y hormonales, que son imprescindibles para el ser humano.

En cambio, la falta de sueño produce radicales libres y causa efectos similares al envejecimiento. La piel pierde brillo y se vuelve opaca y rugosa. Durante la noche, el cuerpo elimina las células muertas, se recupera del estrés diario y descansa. Si no se duerme correctamente, estas funciones se alteran. Prueba de ello son las ojeras, que no son otra cosa que la acumulación de toxinas.

La piel es, sin duda, el órgano que más se reciente con la falta de sueño, una vez que, mientras dormimos, el cuerpo produce hormonas de crecimiento, encargadas de la regeneración celular.

Por otro lado, no dormir limita la producción de glóbulos blancos y de una hormona llamada cortisol, situación que aumenta la probabilidad de sufrir infecciones y enfermedades cardiovasculares.

La memoria también se renueva durante el sueño: si no dormimos, la capacidad mental se resiente.

Origen del insomnio

Cuando el sueño escasea, el rendimiento durante el día disminuye notablemente, dado que un buen descanso hace que se responda mejor a los estímulos externos. La falta de sueño es sinónimo de falta de atención, de concentración y de memoria, que se traduce en olvidos y distracciones más frecuentes. Si no dormimos bien, nos volvemos más irritables e incoherentes.

El insomnio es un trastorno del sueño que puede tener causas muy diversas y, cuando se agudiza, requiere tratamiento médico. Entre los factores que pueden causar insomnio, se destacan:

Depresión – Quien sufre de depresión y ansiedad tiende a sufrir también de insomnio.

Situaciones de estrés – Grandes cambios en la vida, los problemas financieros, la enfermedad o la muerte de un ser querido son, también, causa de insomnio.

Otras enfermedades – Asma, alergias, colon irritable, obesidad, hipertensión y problemas coronarios son algunas de las patologías que provocan insomnio, debido a sus efectos físicos, como dificultad para respirar, tos, picadas, la necesidad de ir constantemente al baño, dolor de estómago, etc. Muchas veces, el propio nerviosismo de saber que se sufre de alguna enfermedad genera dificultades para dormir.

Medicamentos – Diversos fármacos pueden provocar insomnio, como efecto secundario: estimulantes, anfetaminas, diuréticos, pastillas para adelgazar, hormonas, antidepresivos, calmantes y descongestionantes, entre otros.

Abuso de sustancias El abuso de drogas, tabaco, cafeína, tranquilizantes y otras sustancias provoca problemas de sueño.

Cambio en las horas de dormir – El “jet-lag” asociado a los viajes intercontinentales y los puestos de trabajo que obligan a realizar diferentes turnos pueden provocar trastornos del sueño.

Ruidos externos – Dormir con un cónyuge que ronca, tener vecinos ruidosos o vivir en una calle con mucho tráfico son factores que no favorecen un sueño descansado.

Estudios del sueño

La proliferación de los problemas del sueño hizo que varios hospitales y clínicas desarrollaran unidades especializadas en esta área, donde expertos de diferentes campos diagnostican y tratan estas patologías.

 

En general, los pacientes son sometidos a diversos exámenes, durante las horas de sueño, lo que permite evaluar el problema “en directo”. A través de la llamada polisomnografía nocturna, controlan las diferentes variables implicadas en el sueño, realizando en el paciente encefalogramas, electrocardiogramas y eletroespirogramas.

El tipo de ronquido, la intensidad de la respiración, el ritmo cardíaco, los movimientos y el número de las vigilias durante la noche son algunas de las variables que se analizan.

Estos estudios pueden ser completados con revisiones otorrinolaringológicas y otros exámenes que el especialista considere necesarios, de acuerdo con cada caso.

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